Fui yo la que entró a hurtadillas y bajó el volumen aprovechando que llegaste cansado, pero dejando el suficiente rastro. Decidí dormir envuelta en tu música como algo mío y sólo mío hasta que ha sonado un tango. Señor, qué tango. He tenido que levantarme y encender un cigarro para decirte, sin poder esperar a mañana, que te necesito por un montón de inmateriales razones.
Sé con certeza, gracias a la ignorancia intuitiva que me exime de las demostraciones y razones de plomo, que las sirenas y las bellas durmientes son el mismo ser solitario. Y de sueños bajo el agua me alimento. Por eso.

2 comentarios:

El condón de Aquiles dijo...

http://youtu.be/_tMgVMxG95A
http://youtu.be/R0INlumRpL8

Jezabel dijo...

Muchas zankiús, sr. condón. Amo el tango