Y HABLANDO DE HIENAS

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Señor J. A. C. P., ex funcionario de las fuerzas de orden público, investigador privado, xenófobo, amante de las armas y orgulloso de la suya, admirador del nacionalsocialismo, las esvásticas, la falange e intereconomía, groupie del MOSSAD, FBI, CNI, CIA y algunos otros organismos de control y espionaje que ni conozco ... Qué cojones hace jugando a la democracia? Se engaña a sí mismo o trata de engañar a los demás? Y lo siguiente es ya pura curiosidad morbosa... con su trayectoria y ocupación, ser más discreto no sería lo prudente? Porque en tres cuartos de hora navegando por la red, le he conocido hasta la polla.
Disfrute de sus visitas a mi ciber-casa, octavo pasajero.
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SÁCATE EL DEDO DE LA BOCA

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Pasé los siete (siete, siempre siete) primeros días de mi vida llorando sin parar. Día y noche, como un gato afónico sietemesino (siete, siempre siete). El octavo, acerté a meterme el pulgar derecho en la boca y me dormí. Así todas las noches hasta los trece años. Después dejó de gustarme la sensación física pero no la psicológica. Cuando pienso en ella, salivo y me calmo. Es la sensación más placentera que conozco, por encima del sexo, de la comida, de la poesía. Un torrente de endorfinas.
Hace ya tiempo, antes de las crisis, las estafas y de las protestas, dije que me marcharía si la derecha volvía a este país. Porque paso de hipocresías y correcciones del tipo todos amamos la libertad y la democracia. La derecha, ésta derecha, no es más mala porque no le dejan. Huella profunda de aquella España. Y aunque era más que previsible, saberme de pronto rodeada de gente que no es más mala porque no le dejan, hace que me sienta como en una guarida de hienas. Paranoias. Me iré o no me iré, a saber, soy voluble. Seguro que no antes de las generales. También es seguro que estoy salivando y esta noche necesito mi dedo. Éso y la nariz en tu sobaco. Qué desconsuelo.
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TREINTA Y CINCO.

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No sé jugar a las cartas, me han enseñado cien veces y lo he olvidado ciento una. Donde manda memoria selectiva no manda marinero. Pero si el azar nos cruza ante unos dardos, un parchís o un ajedrez, incluso una mesa de billar, no parpadees. Soy una tramposa profundamente honesta. Lo aviso y si me pillas, no lo negaré. Pero volveré a intentarlo. Perder me aburre y no mato por ganar, es la posibilidad de trampear la que me pone, explorar otras vías. Las personas tramposas son muy necesarias en esta sociedad llena de flechas e indicaciones, de caminos fosilizados bajo el peso de huellas unidireccionales, pues proveen a las normas de su razón de ser. Porque sería terrible darse cuenta de que uno, desde que nace hasta que muere, vive asfixiado por manuales de instrucciones para cada acto que realiza y se afana por cumplir, que no son necesarios.
De nada.
Y aunque éste blablabla venía a cuento de otra cosa, aparece de pronto Francisco Montes Neiro en mi mente, un señor que debía tener anginas el día que repartieron los panfletos con los mandamientos sociales y anexos, desertó del ejercito, lo encarcelaron y lleva entre pitos y flautas treinta y cinco años TREINTA Y CINCO AÑOS 35 treinta y cinco años encerrado.

Se me han borrado las ganas de contar mi gilipollez. Treinta y cinco años. Por y para dar sentido a la obediencia y rectitud de los demás. A lo malo y lo bueno escrito.
El payaso de Jesucristo dedicó los finales de sus treinta y tres y la mitad del mundo lleva dos mil años y pico años dándole las gracias post mortem. Mucho me temo que Francisco morirá enfermo, encerrado, solo y no se lo agradecerá ni dios.
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Rojorojorojo

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De pequeña, la abuela me obligaba a bajar con ella a misa de ocho cuando la visitaba. Lo que no entiendo es porqué nadie la frenaba pues si era pequeña, hasta su casa no había llegado sola, quizá no eran conscientes del trauma tan grande que suponía para mí no saberme esas coreografías tan complicadas, te levantas te sientas te arrodillas, vaya ahora no era, por favor por favor que toque sentarse que no me se las canciones, daros la mano y yo con eso lo pasaba muy mal porque era tímida superlativa, cuando tocaba lo de la mano y es que no se olvidaban ni una puñetera vez, ya solo escuchaba el sonido de mi corazón pum pum pum pum y mis pensamientos estratégicos a velocidad de vértigo: le doy la mano a mi abuela la aprieto un poco y le sonrío a ver si con eso gano los segundos suficientes para volverme hacia la de al lado y los de detrás como si fuera tonta uy hay tantos cristianos hermanos dispuestos a darse la paz que no sé a quien elegir. La nieta de la del 72 debe ser retrasada, pero mira a mí qué me podía importar si había logrado no jugar al tulallevas en esa orgía de gente desconocida. Pringaos. Pero con las canciones no existía escaqueo posible, creo que allí no había baño y aunque lo hubiera, mi carácter hacía inviable por completo levantar la mano y decirle al cura señorita me estoy haciendo pis. Se viene meada de casa. Y ya no me hubiese quitado ojo, descubriendo ese boqueo de pez con forma entre a o e para adaptarlo al mayor número de palabras posibles y que te dejaba en bragas en las palabras con i, con que trataba de salir airosa de aquella encerrona en la que todo el mundo había ensayado menos yo.
Así que mientras mi deseo cumplido se estabiliza y pienso en el juramento que hice, que no sé porqué dije una semana en lugar de un día, si es que no aprendo nunca, bokiki, he decidido evitar malos ratos que ya sé que existen y aprenderme canciones de misa, de momento sólo una, me cuesta retenerlas, tanto es así que he tenido que tunearla un poco para poderla memorizar:


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