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No creo en el infinito. Sí en la inmensidad. Antes, el mar parecía infinito, pero ya no. En cambio, sigue siendo inmenso. Todo termina en algún punto, hasta las cosas que se transforman, antes fueron otras que acabaron. El infinito es la esperanza. Un símbolo al que agarrarse cuando se desea eternizar el presente por miedo a un todo o nada futuro. Siento un dolor infinito. Pero no, es inmenso. La posibilidad de que aumente, lo congela en infinito unos instantes. El infinito es un comodín. Redondo, claro, como todo. A veces echo mano del comodín del infinito aun no siendo demasiado lista, pero tampoco tan tonta como para creer en dios. Cuando la ciencia encuentre la cola o la cabeza de las últimas inmensidades sin medir, dios dejará de ser un superhéroe y será tan solo una marca con fieles consumidores. Tengo una paciencia infinita. No es verdad. La paciencia inmensa se disfraza de infinita para camuflar la dificultad de decir basta. Basta. Y ya puedo medirla. "Te quiero hasta el infinito y más allá", lo dicen mucho los niños, pero dejarán de decirlo cuando hayan explorado lo suficiente. Siento un amor inmenso y a pesar de su grandeza, cabe en una minúscula gota de basta. Y aunque llueve a mares, no será suficiente. Hace un inmenso calor.

10 comentarios:

FJavier dijo...

Infinito, como religión, esperanza, símbolo, comodín, disfraz…
Dice Foucault que en el fondo del lenguaje hay un rumor inquietante que anuncia, cuando se acerca un poco el oído, contra qué se resguarda uno y al mismo tiempo a qué se dirige.

¿Qué rumor hay inevitable y creciente cuando Jezabel habla del infinito? Creo que quizá en el fondo haya un deseo inmenso de coherencia sin artificios y en la forma una espontaneidad fluida con vocación de identidad. Sinceridad y realismo de una inteligencia creativa.

Para Lovecraft el infinito es el “negro mar” que rodea la isla de nuestra plácida ignorancia. Para Nazim Hikmet es una coartada poética para hacernos amar conscientemente: “Algún día este inmenso mundo nuestro se enfriará y deslizará en la ciega tiniebla del infinito”. “Si las puertas de la percepción se depurasen –dice William Blake rememorando la alegoría de la caverna de Platón- todo aparecería a los hombres como realmente es: infinito; pues el hombre se ha encerrado en sí mismo hasta ver todas las cosas a través de las estrechas rendijas de su caverna”.

Para mí, con tanto que olvidar y recordar, la sensación de un “déjà vu” me sugiere la posibilidad de una misma vida repetida infinitamente, irrealidad factible gracias a un olvido inmenso, con evidentes signos de fragilidad.
Y no me enrollo más.

Lo mejor de tus escritos, la Jezabel que se adivina.
Un abrazo y buen verano.

Jezabel dijo...

Qué pena que no te enrolles, eres lo que más me mola de este blog.


Gracias Javier, un besazo.

Litos dijo...

jeje, te haces vieja.

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Jezabel dijo...

Losssssss cojonessssssss

lobo dijo...

Hostía qué alegría ver que sigues viva!!! Ni imaginas que ilusión ver que este blog estaba activo aún.
Besos de lobo!

PS; dejé de fumar

Jezabel dijo...

Hola petardo! Pues sigues escribiendo que te cagas aun sin nicotina, te acabo de cotillear. Yo he vuelto -a fumar-. Me alegra saber de ti.

Muchos besos

lobo dijo...

Tú también sigues enseñando la patita muy bien entre lineas... a mí también me alegra saberte...
besos de lobo

FJavier dijo...

Espero y deseo que estés bien. Echo en falta tu dosis de talento creativo.

Feliz otoño.

Refresco de Luciérnagas dijo...

Jezabel !!!
Pedazo de cacho de trozo de inmensa !

FJavier dijo...

Infinita se hace tu ausencia. Feliz primavera.